Fernando Carratalá Enero 5th, 2009
Los poemas de tema religioso de “El Gallo Crisis”.
Los tres sonetos “A María Santísima” (“En el misterio de la Encarnación”, “En el día de la Asunción” y “En toda su hermosura”) se publicaron en el número 2 de la revista El Gallo Crisis, dirigida por Ramón Sijé -seudónimo de José Marín, que no es sino el anagrama de su nombre-, el “compañero del alma” de Miguel Hernández; revista de inspiración católica cuyo primer número apareció en la festividad del Corpus de 1934. La atención del poeta se centra en el tema del vientre femenino y de la preñez -focalizado ahora en la Virgen María-, que tendrá una cierta trascendencia en su poesía posterior. Hay en estos versos iniciales un cierto barroquismo -del que poco a poco se irá despojando el poeta-; y se vislumbra ya esa maestría en el uso del soneto, que adquirirá cotas de extraordinaria perfección técnica en la colección de El rayo que no cesa. Por otra parte, el poderoso sentimiento de la Naturaleza -y de las realidades del mundo del campo, tan cercanas a su sensibilidad- se convierten -también aquí- en su más fiel aliado poético, en unos momentos en que Miguel Hernández -sin duda por el influjo que en él ejercen Sijé y su entorno afectivo- traslada a la lírica una preocupación religiosa que abandonará posteriormente, y que, no obstante, recuperarán los poetas posteriores a la Generación del 27, entre los que habría que incluir a Hernández por una simple cuestión de edad. Reproducimos en este trabajo el primero de los tres sonetos.
La amarga visión de la noche de Reyes. Un brusco cambio de estilo -y de postura religiosa- se aprecia en el poema “Las abarcas desiertas” -Poemas sueltos, IV, 1 (1937-1938); págs. 620-622 del tomo I de la edición citada-, formado por 44 versos heptasílabos repartidos en 11 cuartetas de rimas consonantes cruzadas. El poeta-pastor, sumido en la miseria, no ha tenido otro horizonte personal que el cuidado de cabras, día y noche; y aunque ponía cada cinco de enero en su “fría” y “pobre” ventana su calzado cabrero -“a la escarcha salía”-, ningún rey -mago- se acordó de él, y sus ilusiones -“que fuera el mundo entero / una juguetería”- se veían siempre defraudadas, al encontrar en la alborada de cada seis de enero sus abarcas “sin nada”, “heladas” y “desiertas”. El llanto rabioso de impotencia de quien andaba siempre entre “penas y cabras”, de quien “del pie a la cabeza” fue “pasto de rocío”, se concentra en esta expresiva estrofa, que sintetiza unos anhelos condenados a la frustración: “Rabié de llanto, hasta / cubrir de sal mi piel, / por un mundo de pasta / y unos hombres de miel”. El desgarrado contraste entre la realidad en que se desenvuelve el poeta-pastor y el mundo de las ilusiones infantiles -unos simples juguetes con que alegrar sus penas es todo lo que viene pidiendo año tras año a los reyes- hace más dramática si cabe una composición que alcanza todo su patetismo cuando se lee en la mañana de cualquier seis de enero. Dicho poema se reproduce, igualmente en este trabjo. [Seguimos la edición crítica de Agustín Sánchez Vidal y Juan Carlos Rovira Soler: “Poemas publicados en El Gallo Crisis”. Obra completa. Madrid, editorial Espasa-Calpe, 1992. Clásicos castellanos. Nueva serie. I (núm. 27)].
Para descargarse completo este trabajo, lo puede hacer pinchando en este enlace o buscándolo en la sección “Materiales didácticos”.
La Encarnación y el 5 de enero en la visión de Miguel Hernández (91.9 KiB, 179 hits)