Fernando Carratalá Abril 12th, 2009
Los “salmos” del “Heráclito cristiano”, de Quevedo.
Con el soneto que se inicia con los versos “¡Cuán fuera voy, Señor, de tu rebaño, / llevado del antojo y gusto mío!”, Quevedo, en plena crisis personal, afronta la composición de 28 salmos -la mayor parte sonetos-, de gran calidad literaria, que conforman la obra titulada Heráclito cristiano y segunda arpa a imitación de David; obra que en junio de 1613 envía a su tía Margarita de Espinosa. Quevedo ha usado en esta ocasión como forma métrica un poema no estrófico, típico del siglo XVII: la silva, una combinación de versos endecasílabos y heptasílabos que han adoptado esta personal combinación en su distribución silábica y de rimas consonantes: ABBAcCDDeFGgHH. El poema no ofrece especiales complejidades formales; tan sólo el sentido metafórico del verso 5 -“te miro, [Señor], hacer asiento”, es decir: te veo establecido, reflejado-; el zeugma del verso 6 -“si al manto de la noche soñoliento,”, o sea: si los [mis tristes ojos, verso 1] levanto [verso 2] al manto…-; y la construcción del verso 10, en la que se ha omitido la preposición a ante el complemento directo de persona: “si los vuelvo a mirar los pecadores” -es decir: si los vuelvo [los ojos] para mirar a los pecadores. Conceptualmente, el poema manifiesta la omnipresencia de Dios, que gobierna con su Providencia el mundo por él creado -la sucesión de los ciclos temporales: el sol durante el día, las estrellas por la noche; la Naturaleza toda, con sus plantas y flores…-. Pero el poeta se centra en su propia persona para reconocerse pecador, y esperar obtener el perdón de la misericordia divina por su vida descarriada. Los últimos versos, hábilmente preparados a través de una misma estructura sintáctica -periodos condicionales que se resuelven con la manifestación del “poder divino y santo” de Jesús-, alcanzan una dramática intensidad: el poeta presenta la figura de Jesús concebida como amor, que más que castigar al género humano sufre la carga de sus pecados: “… con amor excesivo, / allí [en los pecadores] hallo tus brazos ocupados / más en sufrir que en castigar pecados”.
Para descargarse este trabajo, que incluye la reproducción del Salmo VII, lo puede hacer pinchando en este enlace o buscándolo en la sección “Materiales didácticos”.
Francisco de Quevedo: "Dónde pondré, Señor, mis tristes ojos..." (95.0 KiB, 170 hits)